
El debate sobre la reforma a la Ley Orgánica de Cultura en Ecuador vuelve a tomar fuerza, y desde una mirada jurídica y artística, el abogado y músico Christian Balseca Narváez plantea que además de cambios, también es importante cómo deben hacerse para que realmente funcionen.
Durante una entrevista en Zona Cultura de las Radios de la CCE, Balseca fue enfático: una ley que no responde a la realidad del sector cultural “se convierte en letra muerta”. Por ello, insistió en que la reforma debe partir de un principio fundamental: la eficacia, es decir, normas que puedan aplicarse en la práctica y no solo en el discurso.
El jurista propone varios ejes clave para una reforma efectiva:
1. Construir un sistema normativo integral
La reforma no debe limitarse a la Ley de Cultura. Según Balseca, es indispensable articularla con otras normativas —tributarias, laborales, civiles y de propiedad intelectual— para generar un verdadero sistema de protección y fomento cultural.
“Una sola ley no va a resolver la falta de apoyo estructural al artista”, advirtió.
2. Incorporar incentivos económicos reales
Uno de los puntos más urgentes es el ámbito tributario. Balseca plantea que la ley debe promover exenciones e incentivos para:
• Importación de equipos artísticos y tecnológicos
• Producción cultural nacional
• Inversión privada en cultura
Esto permitiría reducir la brecha competitiva frente a mercados como Colombia o México.
3. Garantizar la aplicación de la ley, no solo su existencia
Aunque existen normas sobre propiedad intelectual y derechos culturales, su aplicación es limitada. Por ello, la reforma debe incluir mecanismos claros de implementación y control, evitando que las disposiciones queden sin efecto.
4. Diseñar un modelo viable de seguridad social para artistas
Uno de los mayores retos es el ámbito laboral. Balseca cuestiona que se exija afiliación sin considerar la realidad del sector:
“¿Cómo exigir seguridad social a un artista que apenas cubre sus costos de producción?”
En ese sentido, propone que la reforma contemple esquemas flexibles y sostenibles, acordes a la intermitencia de los ingresos culturales.
5. Reducir la dependencia del autofinanciamiento
El modelo actual, basado en la autogestión, resulta insuficiente. Incluso proyectos estatales, como orquestas o colectivos culturales, dependen de generar sus propios recursos.
La reforma, señala, debe equilibrar este modelo con un mayor respaldo institucional y financiamiento público.
6. Fortalecer la competitividad del artista nacional
Entre las medidas planteadas está la posibilidad de establecer cuotas mínimas de contratación de artistas ecuatorianos en eventos públicos, así como políticas que impulsen la producción local.
7. Evitar la politización de la normativa
Balseca advierte que muchas reformas han perdido fuerza al incluirse en cuerpos legales con intereses ajenos al sector cultural. Por ello, insiste en que el proceso debe ser técnico, transparente y enfocado en las necesidades reales de los artistas.
El abogado también cuestionó la falta de prioridad que históricamente ha tenido la cultura en la agenda estatal. A su criterio, verla como gasto y no como inversión limita su desarrollo, pese a su potencial dentro de la llamada economía creativa.
Además, destacó ejemplos internacionales donde las leyes fomentan industrias culturales, como incentivos para producción audiovisual o regulación de contenidos nacionales, medidas que podrían adaptarse al contexto ecuatoriano.
Finalmente, Balseca subrayó que el problema no es únicamente normativo, sino estructural:
“El artista ecuatoriano ha sobrevivido gracias a su autogestión. La reforma debe cambiar esa realidad, creando condiciones dignas y sostenibles”.
El proceso de reforma a la Ley de Cultura, concluyó, será efectivo en la medida en que logre traducir los principios en herramientas concretas, capaces de fortalecer no solo al sector artístico, sino al tejido social del país.
Lr/26